El carácter sanguinario de la religión maya-tolteca se manifiesta a través de esta construcción, sobre la cual los sacerdotes colocaban decenas, y a veces centenares, de cabezas humanas cortadas. Así expuestos, los cráneos de los vencidos —prisioneros de guerra o aquellos que habían perdido en el juego de pelota— eran ofrecidos a los dioses para satisfacer su sed de sangre.
Grabados en la plataforma de los cráneos. En tiempos los había de verdad: las cabezas de los sacrificados en el juego de la pelota:














































